Puede que un día todo se pare. Que la tierra decida no moverse más. Que el sol deje de calentar o que lo haga con mucha mas intensidad. Que un tornado arrase con árboles, casas, coches, personas. Con la vida. Con la de cada uno de nosotros. Que nos colemos por ese embudo que puede con todo y no respiremos más. Acabando así con ilusiones, miedos, propósitos, promesas. Con nuestra existencia. Rompiendo el reloj, el tiempo. Obligándonos a terminar todo aquello que un día empezamos. Sin darnos la oportunidad de empezar lo que siempre deseamos hacer. Un ¡chás! y el corazón se pararía. Al igual que cerramos un libro si nos entra sueño. Pero no se podria terminar con lo que ya existe. No se puede borrar del pasado lo que ya tenemos, lo que hemos sentido y vivido. Por eso, si mi corazón se para. Si dejo de respirar, al menos siempre recordare lo vivido lo que he llegado a sentir y lo que he aprendido. Porque no solo existe lo que está en el presente, sino cada uno de los instantes en los que mi corazón ha vivido.

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