Habías dejado las medias rotas encima de la cama, eran las mismas que la noche anterior te había quitado ferozmente para hacerte el amor pausadamente. El olor a tabaco inundaba la habitación y yo no podía hacer otra cosa que mirar al techo. Habías dejado olvidado en el cuarto baño tu pintalabios de color rojo, ese que te ponías cada viernes por la noche. Nunca creí que fueras a irte, aunque ultimamente las amenazas con hacerlo iban a mas. Nuestra relación había sido como una feria, con sus norias, sus payasos... pero ultimamente era todo igual. Ahora ya no me quedaba nada. Quizá algo de saliva en mis labios o algún trozo de uña en la pared que arañabas siempre que entraba en ti. Estabas cansada, cansada de ti y de tus sentimientos, estabas cansada de tener que ser tu la que siempre iniciaba las conversiones, de caminar siempre por las mismas calles, de ver siempre a la misma gente, estabas cansada de la rutina, o al menos eso me decías. Te evadías cada noche mientras te fumabas un cigarrillo apoyada en la lavadora, por que preferías eso a dormir junto a mi , ''el de los ronquidos''. No parabas de llorar, de llorar y de gritarme que estabas harta, harta de mi indiferencia, de mi pasividad. Y yo no hacia otra cosa que prometerte que las cosas cambiarían, que iría todo mejor, que esto no era mas que una mala pasada. Pero los meses pasaban y tu dejaste de creer en esa utopía de un mundo mejor que yo te había creado. Habías dejado de lado la esperanza y tus ganas de amar ya no te acompañaban. El dinero ya no entraba por la puerta, al igual que las drogas y el amor se escapaba por la ventana. Tu también terminaste escapándote, pero por la puerta. Habías dejado la ropa tirada por toda la casa, era propio de ti. El desorden de tu vida traducido en el desorden de tu casa. Te aburría lo común, lo corriente y solías ponerte los calcetines del revés, te pintabas las uñas de colores y los brazos los tenias llenos de tatuajes, uno por cada vez que te habían roto el corazón, o eso le contabas a la gente. De repente recordé por que yo seguía allí tirado en el suelo, mirando al techo, con cristales rotos en las manos y la alfombra llena de sangre. Habías sido tu, con tu manía de romperlo todo cuando te enfadabas, cuando la vida no era como tu la planeabas. Ahora la vida se me antojaba un desierto sin arena donde el único oasis eran tus putos labios. Ya no me quedaba nada, tu te habías ido, y no me quedaba dinero, ni tampoco esas malditas drogas que me llevaban al cielo, pero mejor, por que no ibas a estar tu para el polvo de después. Te habías ido, tú, que era lo único bueno que me quedaba, para colmo habías dejado todas nuestras fotos rotas en el suelo, hecha añicos, al igual que mi corazón. Debí imaginar que acabarias por irte, ultimamente todo se mantenia en el mismo nivel, no habian cambios, ya no me sorprendías con mensajes de amor en los espejos, ni me llevabas a las esquinas para besarme hasta dejarme sin aliento, hacia bastante que no me desabrochabas las camisas y dibujabas en mi cuerpo el mapamundi de tu vida, las cosquillas no acompañaban al despertador cada mañana, ni habían tostadas ni zumos de naranja de desayuno cada domingo.... acabare por aceptar que ya no volveré a escribir en tu espalda el poema mas bonito del mundo ''nosotros''.





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caóticamente pienso que...