despedidas

Que la vida no es lo mismo
si los verbos no se conjugan,
si el latido carece de sentido,
si los besos no son devueltos.

Y así permanecimos
sin pestañeos ni distensiones,
pese a que los párpados nos pesaran.
Pero no podíamos permitirles el caer,
no podíamos perder las composturas,
no debíamos sacar las cosas de contexto.

No autorizaríamos al miedo inmiscuirse,
a los sentimientos fugitivos y mortales,
sensiblerías efímeras e intrascendentes.

Acordamos no hacerles partícipes
de un entrañable y esperanzado,
aunque repleto de inseguridades,
volveremos a vernos.

Sostuviste la mirada
 de una manera tan obstinada,
que me asustó tanta violencia en ella.
Y si la mirada es el espejo del alma...
en ella me rogabas que no te olvidara.

Pero a pesar de tu semblante rígido,
pero a pesar de la dureza de tu mirar,
a mi, una mera fachada, no me engaña.

Las composturas, poco endebles, derivaron.
Incandescente sostuviste altiva la mirada 
pero infieles a mi lucha y a mi empeño 
mis párpados se dejaron caer.

Sostuviste la mirada
y yo me rendí ante ella.

 Ante ello un poco menos hermético te tornaste,
y tembloroso, de las manos, me sujetaste.
Y sin medir palabras por aferrarme te esforzaste,
pues tu mirada combatiente para rogarme fue suficiente.

Pero conoces mi debilidad y fragilidad
y mi mirada hacia rato que había desertado.
Así que me escurrí de entre tus manos
e indecisa y vacilante dí media vuelta
y me fui sin decir adiós siquiera.


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caóticamente pienso que...