Volvimos a soñar
con aguas saladas y abruptas.
con aguas saladas y abruptas.
Donde no se veía mas allá
de las ondulaciones del
mar.
Donde respirábamos aire
puro,
donde el agua nos
embriagaba.
Donde la sal escocía en
las heridas
al mismo tiempo que las
sanaba.
Volvimos a ser
Marineros en oceanos desconocidos,
Marineros en oceanos desconocidos,
en sensaciones primicias e
insólitas.
Oficiales en tierra de
nadie,
gorbernando nuevos
horizontes,
gobernando nuevos
corazones.
Forasteros fugaces y
vehementes
que regresaron impacientes
a la mar.
Volvimos a luchar
acongajados contra las olas,
la monotonía y pesadez del día a día.
Navegando al compás del aire desbocado,
acongajados contra las olas,
la monotonía y pesadez del día a día.
Navegando al compás del aire desbocado,
surcando sin temor las
olas colosales.
Sin norte ni brújula con la que guiarnos,
Sin norte ni brújula con la que guiarnos,
sin ningún fin concreto al
que conducirnos.
Sin mapas y sin banderas.
Volvimos a olvidar
las devastadoras
tormentas,
las dañinas batallas
perdidas,
los miedos que tiramos por la borda.
Hallando fascinantes islas perdidas,
abriendo las puertas a amores locos.
Plantándole cara a la tempestad y a los piratas,
dejando de lado los prejuicios y y los contratiempos.
los miedos que tiramos por la borda.
Hallando fascinantes islas perdidas,
abriendo las puertas a amores locos.
Plantándole cara a la tempestad y a los piratas,
dejando de lado los prejuicios y y los contratiempos.
Volvimos a buscar
tesoros en las
profundidades saladas
indagando por el mayor tesoro perdido
indagando por el mayor tesoro perdido
o que quizá nunca
existió; la felicidad ajena.
Aquel que tanto hemos
añorado.
En busca de nuevas
admiraciones,
horizontes aun por
descubrir,
en el gran abismo del mar.
Volvimos a navegar
sin rumbo y sin orientación,
mas allá de los palpable,
mas allá de lo tangible.
Olvidando donde esta babor
y estribor,
la ciudad de estrés e hipocresía.
Observando como la marea sube,
al mismo ritmo que envejecemos.
la ciudad de estrés e hipocresía.
Observando como la marea sube,
al mismo ritmo que envejecemos.
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caóticamente pienso que...