ni atavio ni coartada



Rompimos a reír
como jóvenes impacientes
que exigen libertades,
como pequeños inocentes
que buscan direcciones.

Por momentos nos creíamos felices
enfrascados entre aquellas sandeces.
Nauseabundos escupíamos amarguras
entre respiro y expiro.

Reímos hasta que nos desoxigenamos,
hasta que perdimos el uso de razón
-si es que alguna vez lo tuvimos-
Se acabaron las incongruencias
y la tristeza se revistió de lágrimas.

Rompimos a llorar
con la insensatez del momento
propia de mocosos fastidiosos
o de enamorados desolados.

Llorábamos por aquellas cosas
que resultan difíciles olvidar
-o quizás afrontar-
Llorábamos por recordamos
del vaivén de nuestras vidas.

Lloramos hasta creernos saciados
entre tanto gimoteo y lloriqueo,
hasta que se secó y arrugó el ama
entre tanto desasosiego.

Nos quedamos vacíos,
nos quedamos desganados
y nos quisimos dar cuenta.
Nos dejamos de evasivas
y de pretextos estúpidos.

La verdad no encontró atavio ni coartada
y tanto la austeridad como las composturas
quedaron relegadas y olvidadas.

y sin ton ni son
rompimos a amarnos.

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caóticamente pienso que...