Expreso las penas mas sinceras cuando cae la noche
porque ella, sin manifestarse, auxilia como nadie.
Me emborracho con los recuerdos mas profundos
y así de achispada, entre los astros, me confundo.
La noche es tan callada que amansa mis creencias
y el silencio se torna ensordecedor con mis ideas.
El carácter noctámbulo acecha contra mis sentidos
y me desnuda de principios que tal vez sean falacias.
Me sincero muda de palabras puede que necesarias
y aunque mis labios aparentan que estoy callada
tanto mi mente y mi alma, mi oniria e insomnia
están en guerra si hablamos en metáforas.
La luz de luna se cuela por las persianas
exigiendo un poco menos de misantropía,
un poco mas de esperanza y quizás de alegría.
Los rayos de luna se filtran por las rejillas
y los maldigo por no dejarme a oscuras,
a oscuras en el desorden de este cuarto
que me encierra y que me observa,
a tientas en lo absurdo de esta vida
que se escapa malgastada y perspicaz,
a solas en lo vacío de este corazón
que cada día es mas solitario y retraído.
En medio de todo este barullo de gritos y silencios,
de esta sobria borrachera de recuerdos y de penas,
la noche sigue pletoricamente callada y silenciosa
y en el sigilo y reposo de ella los sentidos se declaran.
3
Y que ruin y taciturna puede llegar a ser la noche
que hace nacer una estúpida melancolía.
Cierro los ojos para topar con algo de estabilidad
y sin ninguna muestra de inflexión o consentimiento
tienen lugar ciertas reminiscencias olvidadas,
las distensiones, los regocijos y los let it be.
Vuelven los recuerdos mas inapreciables
que en otros tiempos nos hicieron contentar
y que sin querer olvidamos el saberlos disfrutar:
las tormentas utópicas que solías observar
o el cielo enrojecer cada día a cada aurora.
Es este el momento en que comprendes lo innegable
y es que nunca te podrás deleitar de los detalles
si no sabes diferenciar entre lo real y lo trivial
si no te paras a observar y esquivas lo banal.
Entonces caigo en el abismo de esta vida que tanto exige,
la armonía nos rescata y por fin mente y alma sintonizan.
En el declive me libero de esta congoja que tanto aflige.
Y la caída se hace tan perecedera como intensa,
tratándose tan solo de una fuga clandestina,
de una huida de trivialidades que envenenan,
de tantas situaciones externas que te apenan.
Una simple y audaz escabullida de esta historia,
un ínfimo olvido de esta vida con incierto devenir.
porque ella, sin manifestarse, auxilia como nadie.
Me emborracho con los recuerdos mas profundos
y así de achispada, entre los astros, me confundo.
La noche es tan callada que amansa mis creencias
y el silencio se torna ensordecedor con mis ideas.
El carácter noctámbulo acecha contra mis sentidos
y me desnuda de principios que tal vez sean falacias.
Me sincero muda de palabras puede que necesarias
y aunque mis labios aparentan que estoy callada
tanto mi mente y mi alma, mi oniria e insomnia
están en guerra si hablamos en metáforas.
La luz de luna se cuela por las persianas
exigiendo un poco menos de misantropía,
un poco mas de esperanza y quizás de alegría.
Los rayos de luna se filtran por las rejillas
y los maldigo por no dejarme a oscuras,
a oscuras en el desorden de este cuarto
que me encierra y que me observa,
a tientas en lo absurdo de esta vida
que se escapa malgastada y perspicaz,
a solas en lo vacío de este corazón
que cada día es mas solitario y retraído.
En medio de todo este barullo de gritos y silencios,
de esta sobria borrachera de recuerdos y de penas,
la noche sigue pletoricamente callada y silenciosa
y en el sigilo y reposo de ella los sentidos se declaran.
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Y que ruin y taciturna puede llegar a ser la noche
que hace nacer una estúpida melancolía.
Cierro los ojos para topar con algo de estabilidad
y sin ninguna muestra de inflexión o consentimiento
tienen lugar ciertas reminiscencias olvidadas,
las distensiones, los regocijos y los let it be.
Vuelven los recuerdos mas inapreciables
que en otros tiempos nos hicieron contentar
y que sin querer olvidamos el saberlos disfrutar:
las tormentas utópicas que solías observar
o el cielo enrojecer cada día a cada aurora.
Es este el momento en que comprendes lo innegable
y es que nunca te podrás deleitar de los detalles
si no sabes diferenciar entre lo real y lo trivial
si no te paras a observar y esquivas lo banal.
Entonces caigo en el abismo de esta vida que tanto exige,
la armonía nos rescata y por fin mente y alma sintonizan.
En el declive me libero de esta congoja que tanto aflige.
Y la caída se hace tan perecedera como intensa,
tratándose tan solo de una fuga clandestina,
de una huida de trivialidades que envenenan,
de tantas situaciones externas que te apenan.
Una simple y audaz escabullida de esta historia,
un ínfimo olvido de esta vida con incierto devenir.
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caóticamente pienso que...